Hay proyectos que suponen un reto desde el momento en que empiezas a imaginarlos. Y otros en los que ese reto se multiplica cuando llega el momento de llevar la idea al taller.
Este fue uno de ellos.
En 2026 tuve la oportunidad de realizar las esculturas destinadas a la 1ª Edición de los Premios de la Enfermería Canaria, un proyecto especialmente bonito por todo lo que representaba, pero también uno de los trabajos técnicamente más exigentes que había afrontado hasta ese momento.
No se trataba de realizar una única pieza.
Había que hacer ocho esculturas.
Ocho piezas que debían compartir una misma identidad y un mismo concepto, pero que inevitablemente terminarían teniendo también su propio carácter.

Una idea nacida del fuego, la luz y el cuidado
El concepto inicial surgió conjuntamente con Reisosa, buscando una imagen capaz de representar algunos de los valores vinculados a la Enfermería.
Durante ese proceso apareció también inevitablemente la figura de Florence Nightingale, considerada una de las grandes precursoras de la enfermería moderna y conocida popularmente como “La dama de la lámpara”.

Durante la Guerra de Crimea, Nightingale recorría por las noches las salas donde se encontraban los soldados heridos, acompañada por la luz de una lámpara. Aquella imagen terminó convirtiéndose con el paso del tiempo en uno de los grandes símbolos de la Enfermería: una luz que acompaña, cuida y permanece cuando más se necesita.
Esa referencia estuvo presente en la inspiración inicial de la obra.
De ahí surgieron conceptos como el fuego, la luz y el calor.
El fuego entendido como energía, fuerza y vida.
La luz como guía y presencia.
Y el calor como cercanía, protección y cuidado.
Tres ideas muy sencillas pero tremendamente potentes que encuentran muchos puntos de conexión con una profesión tan humana y vocacional como la Enfermería.
Porque cuidar también significa estar.
Acompañar.
Aliviar.
Escuchar.
Permanecer junto a alguien cuando más lo necesita.
Y esa fue precisamente la sensación que intentamos trasladar a la forma de la escultura.

Llevar el movimiento del fuego a la madera
A partir de aquel concepto comenzó el trabajo de diseño.
La pieza debía transmitir movimiento, verticalidad y esa sensación de una llama que permanece encendida, evitando al mismo tiempo una representación demasiado literal del fuego o de una lámpara.
Como ocurre en buena parte de mi trabajo, me interesaba más interpretar una sensación que reproducir una forma exacta.
Las líneas de la escultura fueron apareciendo poco a poco, buscando esa sensación ascendente y orgánica propia del fuego, con curvas que cambian según el punto desde el que observas la pieza.
Una vez resuelto el diseño empezó la parte realmente compleja.
Pasar del dibujo a la madera.

Ocho esculturas y mucho trabajo manual
La pieza principal está realizada en madera laminada, apoyada sobre una prebase de piedra gris de Arucas y una base de madera de pino.
La combinación de estos tres materiales permite crear diferentes texturas y pesos visuales.
La madera aporta calidez y movimiento.
La piedra introduce estabilidad, territorio y fuerza.
Y la base de pino termina de integrar el conjunto.
Pero posiblemente lo más importante de este trabajo no esté únicamente en los materiales, sino en el proceso empleado para darles forma.
El desbaste de las esculturas está realizado a mano.
Trabajar una pieza de estas características ya requiere tiempo, concentración y mucha paciencia.
En esta ocasión había que repetir ese proceso ocho veces.
Y ahí empiezas a descubrir algo muy interesante.
Por mucho que tengas el mismo diseño delante, ninguna pieza termina siendo exactamente igual a otra.
La madera tiene sus propias tensiones.
Su veta cambia.
La herramienta responde de manera diferente.
Cada curva obliga a detenerse, observar y decidir cuánto material retirar.
Y cada escultura termina imponiendo, de alguna manera, su propio ritmo.

La huella del proceso
Podría haber buscado que las ocho piezas fueran completamente idénticas.
Pero precisamente una de las cosas que más me interesaban era conservar parte de la huella del proceso manual.
Las pequeñas diferencias.
Las marcas.
Los cambios mínimos de una superficie a otra.
Incluso algunas imperfecciones.
No entiendo esos detalles como errores.
Todo lo contrario.
Para mí son precisamente los elementos que explican cómo se ha construido una pieza y quién ha intervenido sobre ella.
Cuando trabajas manualmente un material, cada decisión queda de alguna forma registrada.
Y creo que ahí reside buena parte del valor de una escultura hecha de esta manera.
No sale de un molde.
No existen dos absolutamente iguales.
Cada una conserva pequeñas diferencias que le dan carácter, autenticidad y vida.

Materiales que también cuentan una historia
La elección de la piedra gris de Arucas para la prebase tampoco fue casual.
Me gusta introducir en mis trabajos materiales relacionados con Canarias siempre que la pieza lo permite.
La piedra aporta peso, textura y una conexión directa con el territorio.
Sobre ella aparece la madera laminada, mucho más ligera visualmente y con ese movimiento ascendente que buscábamos desde el comienzo.
Dos materiales muy distintos que funcionan juntos:
la estabilidad de la piedra y la energía de la madera.
Una combinación que terminaba reforzando también el concepto inicial del proyecto.

Un reconocimiento a la Enfermería Canaria
Las ocho esculturas fueron entregadas el 30 de abril de 2026 en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna, durante la celebración de la primera edición de estos premios.
Fue un acto creado para reconocer a personas y profesionales vinculados a una actividad que resulta absolutamente esencial dentro de nuestra sociedad.
Y quizás por eso este encargo tenía también una responsabilidad añadida.
El objeto que recibe una persona en un reconocimiento de este tipo debería ser algo más que un trofeo.
Debería conservar una parte de lo que aquel premio significa.
En este caso intenté que cada escultura transmitiera precisamente eso:
energía, calor, cuidado, fuerza y presencia.
Valores representados mediante materiales naturales, trabajo manual y una forma que busca elevarse.

Uno de esos trabajos que dejan aprendizaje
Cuando terminé las ocho piezas y pude verlas juntas, hubo algo especialmente satisfactorio en observar que todas pertenecían al mismo proyecto pero ninguna era exactamente igual a la siguiente.
Cada una había pasado por mis manos durante horas.
Cada una había obligado a corregir, lijar, observar y volver a trabajar.
Y cada una conservaba pequeñas señales de ese proceso.
Ha sido uno de los trabajos que más paciencia y precisión me ha exigido hasta ahora, pero precisamente por eso también uno de los que más aprendizaje me ha dejado.
Formar parte de la 1ª Edición de los Premios de la Enfermería Canaria mediante estas esculturas ha sido un auténtico honor.
Y, sobre todo, una oportunidad de utilizar nuevamente la escultura para contar algo que va mucho más allá de la propia pieza.
Porque detrás de aquellas ocho formas de madera, piedra y pino había una idea mucho más importante:
reconocer a quienes dedican su profesión a cuidar de los demás.

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